Un día de verano en La Vera
En verano, aquí en Villanueva de la Vera, las horas buenas son las de los extremos. El mediodía no se discute: el mediodía es para dejarlo pasar.
A media mañana ya aprieta, y la casa se cierra a su manera. Las contraventanas echadas, el suelo fresco bajo los pies descalzos, una penumbra que huele a piedra y madera. Dentro se está bien. Se come un gazpacho frio, se lee un poco, se duerme una siesta que empieza sin avisar, se oye a algún vecino regar al otro lado del muro. No pasa nada más, y no tiene que pasar.
Hasta que, a media tarde, el sol afloja.
Te levantas de la siesta, te haces un café, y la garganta ya espera. Porque eso es lo que hacemos aquí: se va a los charcos, como toda la vida.
A nosotros nos gusta especialmente la garganta de Minchones, que baja de Gredos con un genio que otras no tienen. Subiendo un poco por una pista de tierra, entre robles, se llega al Charco de La Mora. Ubicado en una antigua piscifactoría.
El baño, a esa hora, es un regalo. Meterse en esa agua fresca del rio no se cuenta: se vive. Te sumerges una vez y ya está todo olvidado... el tiempo se detiene como un regalo.
Nos quedamos hasta que el sol se va escondiendo poco a poco entre los árboles y las piedras empiezan a soltar el calor que han guardado todo el día. Sales con la piel de gallina y un hambre limpia, de esas que dan los buenos baños fresquitos.
Y de vuelta llega lo mejor, que no sale en ninguna guía: el apardear. Ese momento que tenemos aquí para ese rato en que la luz se cae despacio, dorada, y a veces, corre esa brisita (“la mareíta”) que despeja el día entero de un soplo. Y ahí es cuando marchamos al pueblo. Te encuentras con la gente, saludas. Las sillas ya están sacadas a la puerta, la plaza se llena sin que nadie haya quedado, los niños con sus griteríos y sus pelos aún mojados corren hasta que ya no se les ve.
Entonces nos sentamos y nos tomamos una “Leche Helá”. Sin prisa, viendo cómo se apaga el pueblo.
El verano en La Vera no se cuenta bien. Hay que estar a esa hora, con el pueblo entero saliendo a la calle y una leche helá enfriándote la mano, para entenderlo.